Tomillero, de Ibán, muy bravo, el toro de Madrid
Ni toro Tomillero ni leches, ya hablaré
de él, ese toro a mí no se me olvida, pues antes que nada deseo hablar
de mí, y de mi caso en Internet, ya que mi caso refleja a la perfección la
catadura moral de la inmoral afición venteña de nuestro tiempo, la de la ya olvidada
chapa en pecho, y ahora van y taurinizan ustedes los acontecimientos que evoco.
Así, traduciendo unos simples hechos personales, que afectan únicamente a
una abonada más, yo, comprenderán a la perfección las malhadadas reacciones de los tendidos venteños que desde principios de siglo, más o menos, vienen mostrándose: sol de
protagonista, la sombra observándolos.
Lo
mejor de todo, nene, papel grande para apuntar y memoria grande para
recordar, peste de citas, citador.
Total, que la que aquí firma el 23 de mayo
de 2012 al término del festejo y de camino a buscar un coche aparcado por la zona, entró en
el bar Waniku, de la calle Bocángel de Madrid, para ir al baño. En la
puerta, un grupo de aficionados al fresco estaban tomando cañas, con un danzante de
abolengo y de cuyo nombre no quiero acordarme moviendo la coleta más en plan caniche que nunca,
cuando va el danzante y tuvo los santos cojones al verse arropado por los amigos, de saludarme muy atento.
De mi boca salió sólo una sola palabra, una, que no la pongo y no la pongo
porque el andoba en cuanto te meneas te mete un juicio que te cruje y yo creo que ya
vamos por el quinto, una palabra, decía, única, solté, esa palabra que escupida por boca de una mujer, deja
a un hombre seco.
Pasé al baño, me recompuse y salí de nuevo cuando calculé que los
acompañantes que había dejado atrás con las urgencias meódromas habían
llegado a la puerta del garito y podrían ampararme, como así ocurrió. Eran mi sobrino Carlos, sobrino
de sangre, y mi sobrino Alvarito, en acogida, dos armarios treintañeros
ajenos por completo a lo que allí se cocía, luego sin arte ni parte.
Bien, ya el trío junto,
salimos como pudimos del grupo, cuando al llegar al final del corro
una joven y zancuda patilarga, de nariz de ave, me soltó dos insultos como dos lapos que se me pegaron en la cara como dos sellos y que en el
hueso amarillo de la frente llevo grabados a escoplo, se advierte. Con mofa general hacia mi persona, todavía me retumban las carcajadas, agachando nosotros la cabecita hasta vernos libres, no sin antes
implorar yo que no se volviera como toros ninguno de los dos mozos que me
escoltaban.
No para ahí la cosa, meses
después, en octubre, en un acto del CEU, alma mater de los ciclos
invernales tras Rafael Cabrera mi amiga Beatriz Badorrey, parte del
grupito haciendo piña tal que suelen, y, de nuevo, encontronazo. La parte del grupito como siempre del resto
separada, como los toros de muerte, mientras que el grueso del los asistente
al acto nos alpisteábamos a escote, hablando
sanamente de toros y de toreros.
Los
Íntegros, como se calificaban a ellos mismo en otro tiempo -eso, eso, el
toro íntegro y el hombre corrompido- y ya que yo le dedique una entrada
por entonces a Beatriz debido a un homenaje que le dio la Universidad a Ángela
Hernández, Ángela en los carteles, es que no me dieron ni respiro, son acosadores, y por aquí entraron a saco por tal causa,
pegándome cachiporrazos como si servidora fuera el muñeco del pimpampún.
Todo,
con la bajeza de decir que en aquel bar, con aquel grupo de amigos
aficionados alternando como la primera, gente a la que conozco de toda la vida, ellos aparte como queda dicho, yo estaba desplazada,
despreciada, rechazada, y me encontraba sola.
En aquel
grupo de íntegros al que me refiero, los que entraron por aquí como rayos a martirizarme y se
entiende que uno de ellos por lo menos sería el autor de la marranada pues de lo contrario no se encuentra explicación y están los textos muy acertadamente publicados en
este blog, había cinco personas, y estos son sus nombres:
Gloria
Sánchez Grande, Rubén Sánchez, de la Asociación el Toro de
Madrid, del blog reflexionandoalaverónica y en las redes
Cartujanillo, Óscar Escribano, bloguero y por @alonsodeiniesta conocido,
Pedro del Cerro, @dominguillos, y Juan Pasmo de elrincondeordoñez.blog,
señor al que libero de toda responsabilidad, pues le tengo por un tío.
Continuará no se sabe
cuándo (pues me queda mucho que contar, mucho) y dependiendo.
Reiterándose que taurinicen los hechos para
mayor comprensión de la pelotera venteña.
Foto: elrincondeordóñez