No entiendo por qué tras una feria de San Isidro terrorífica en cuanto a resultados artísticos, se tiene que premiar por narices a los actuantes. Que dejen los premios desérticos, o mejor que supriman estas retahílas de galardones tan antipáticos que para lo único que sirven es para promocionarse por todo el morro las entidades que los otorgan.Cuando no para que los miembros del jurado se peguen un homenaje rodeados de toreros que no tienen reparos en ser manoseados, descendiendo a la tarima de una sala rociera de dudoso gusto y consiguiendo con ello apagar todo el halo propio de una figura del toreo.
¡Qué espantosas reproducciones de esculturas en resina son entregadas al ganador! Qué reportajes gráficos a la hora de la entrega, qué ganao presente en el convite, qué pelaje general. Comparo estas vanidades tan horteras con los reconocimientos que en otras actividades culturales se les hace a sus celebridades, y es que siento vergüenza ajena. Hablo exclusivamente de los toreros, de los toreros premiados, que suelen ser precisamente los más complaciente con el abuso que ejerce sobre ellos el poder -ummm- luego podría darse el caso de que hubiera gato encerrado a la hora de la votación.
Porque los premios siempre se los llevan los mismos, y de Rafael de Paula o de José Tomás, de Antoñete o de Julito o de Morante, no se tienen noticias de que nadie les haya reconocido masivamente mérito alguno. Pudiendo sospecharse que a esta clase de toreros, con postura de torero,
("Yo no soy un torero de clase, soy una clase de torero", El Gallo),
no les dieran bola los jurados sencillamente porque no se prestan a ir a recoger honores que degradan. Decía Coco Chanel que el éxito consiste en cuidar los pequeños detalles.Y es debido a la garbancera imagen que da la Fiesta en lo tocante a los pequeños detalles, como es el saberse mostrar en público, lo que le produce repelús a un pueblo que estaría obligado al menos a conocerla. Y que reniega de ella, y más que renegará, porque la ve tremendamente anticuada y falsa, como un reducto propio de hombres catetos y civilmente retrasados.
No pasa esto, sin embargo, con el toro, y toda mención pública para el animal me parece poca. No dejamos de estar hablando de una feria ganadera, de una muestra, del gran certamen universal de la bravura, y como corresponde a tal condición está muy bien otorgar diplomas y condecoraciones al ejemplar más destacado, rindiéndole póstumo homenaje en la persona de su criador.
Así que me apunto a una corriente de opinión que tiene a los aficionados madrileños divididos, y la fomento. Pues nos vemos obligados a decantarnos entre dos toros únicamente, un mano a mano de toros, con el agravante de que uno de los toros era español y el otro portugués. Lo que trae consigo el inevitable componente del chauvinismo, no en vano todos sabemos que la cabaña nacional anda a la deriva, mientras que de la portugueira no se puede asegurar que sea una reserva únicamente porque los taurinos de acá no están dispuestos a mostrárnosla.
Buenos los dos toros, impecablemente presentados, luego ya la personal elección depende de los valores individuales que cada uno le conceda a las cosas, sin que por ello se considere con razón el que optó por uno de ellos, frente a los que optaron por el otro. Los toros son Aragonés, de Cuadri, toro-sorpresa que viene a frenar la cuesta abajo que llevaba la ganadería y que le ha debido de dar moral y orientación campera a Fernando Cuadri, un señor que por la categoría humana y profesional con las que trabaja merece todo lo mejor.
(Fernando: cuídese de determinados aficionados, que lo mismo queriendo hacerle una propaganda beneficiosa le están perjudicando).
El otro toro, y por el que yo me decanto, es Rachido, de Palha, y me decanto por motivos varios, aunque el principal se debe a las hechuras y a otras apreciaciones externas.
Más basto el de Cuadri, peor hecho para mi gusto, rematar no remató si lo comparamos con la que le formó Rachido a los tableros para salir, luego de taladrarlos, con el pedernal de la bellota de los pitones intacto.
A Rachido le encontré más viveza en la arrancada, más distancia, fue más rápido, me hubiera dado mucho más miedo estar delante de él que de Aragonés
Rachido fue un toro impresionante y un orgullo para cualquier ganadero, mi enhorabuena al titular de la Herdade de Adema.
Artículo firmado por Carmen Esteban, publicado el pasado miércoles, 4 de junio, en La Gaceta de Salamanca.
(Foto: ToroAlcarria)
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