Unanimidad: todos estamos de acuerdo con que la Fiesta en Francia funciona de maravilla. Ni parecida a la merienda de negros en la que se ha convertido al sur de los montes Pirineos, y todos estamos de acuerdo así mismo en que en breve tendremos que emigrar a las Galias cuando queramos ver el espectáculo en su esencia. ¿Cómo es posible esto, si los protagonistas son los mismos?O sea que mientras en un país tanto toreros, ganaderos y empresarios cuidan al máximo todo lo que tenga que ver con las corridas de toros, esos mismos toreros, ganaderos y empresarios campan a sus anchas por la península pulverizando un mercado que en breve será ruinoso. La explicación a fenómeno tan llamativo creo yo que reside en la postura de la afición francesa comparada con la española. Mientras allí lo prioritario es la defensa a ultranza de todo lo relacionado con el toreo en su conjunto, exigiendo integridad hecho el público una piña, aquí la afición se dedica a propagar rencillas entre unos y otros con el consiguiente regocijo para todos aquellos tunantes que viven a costa de sacarles el dinero, dándoles a cambio un espectáculo basura.
Desde que estoy en la red mi decepción en este sentido es total, entré a participar en este medio aportando desinteresadamente mi granito de arena para ayudar a la depuración de lo que ha sido el motivo de mi vida, y, tras tres meses con el blog abierto, aquella esperanza inicial creyendo que ustedes serían los salvadores de una situación que considero terminal, se ha convertido en un pesimismo que no soy capaz de quitármelo de encima.
Sí, ya sabemos que la culpa es de los taurinos, taurinillos y taurineadores españoles, ya digo, los mismos que organizan las ferias de Francia, pero ahí se atasca toda postura reivindicativa acusándose unos aficionados a otros de verdaderas herejías, tirándose a matar, sembrando el odio entre ellos, que a mí en mucho casos me ruborizan hasta el punto de que empiezo a renegar de algunos nombres.
Vamos a ver si nos aclaramos, ¿quienes son los taurinos? ¿Los taurinos somos todos los profesionales que con mejor o peor fortuna formamos parte del staff? ¿Todos? Es decir, que tan taurino es Pedrito Balañá, que abomina y cuando te lo encuentras sólo te habla de libros y de ópera, como el oscuro Teodorito Matilla. Tan taurino es Frascuelo (un besazo desde "depezón", Frascu) como Javier Conde, el ganadero Fernando Zalduendo es tan taurino como el recién desaparecido Toño Peláez Lamamié de Clairac, tan taurino es Javier Villán como el inefable Carlos Ruiz de Villasuso.
Por favor, que ya somos mayorcitos, no hagan ustedes el ridículo de esta manera. ¿O será que los taurinos son los profesionales del toro que se relacionan con los demás, no conmigo, y no son taurinos aquellos que se relacionan con nosotros? Porque no entiendo yo qué diferencia inmoral puede existir, a no ser la envidia, en que uno se tome un par de tragos con José Tomás o a que se vaya de comilona a Trujillo con mi querido amigo Adolfo Martín.
No se líen, entre los profesionales del toro también existen las personas honestas, las menos, pero haberlas haylas. Estas personas, se trate de matadores de toros, ganaderos o periodistas -en el empresariado se da menos- somos aquellas a las que los corrompidos del poder nos tienen relegadas y, con mucho mas mérito y talento en la mayoría de los casos, nos tenemos que conformar con las migajas que genera una industria del ocio que en otras manos sería próspera para cualquiera y que bajo el control de cuatro mafiosos comienza a tambalearse.
Conozco y me trato con matadores de toros que sufren o han sufrido veto, hable, señor Paco Esplá, ganaderos que no venden un pitón y se tienen que comer las camadas con patatas, periodistas jóvenes con mandíbula para pegarle un bocao a esto y, sin embargo, ahí los tenemos buscándose la vida en otros menesteres porque de aquí se les echó, sí, por parte de algún rimbombante aficionado también, en cuanto asomaron la gaita y comenzaron a coger nombre.
Pues bien, esta gente de la que hablo, entre los cuales obviamente me encuentro, repito, tanto matadores como ganaderos como periodistas, en cuanto la afición se propusiera y lograra un alzamiento, estarían completamente de parte de ella. Seguramente achantados al principio, pues en las interioridades de la Fiesta los rebeldes estamos señalados y cualquier desacato se paga caro, pero a medida que fuera cuajando una revolución en toda regla estoy segura de que públicamente apoyarían cualquier motín.
Lógicamente, pues son ellos los principales afectados, las verdaderas víctimas. Es en estos profesionales en los que se ceba tan injusto y tremendo desequilibrio, ellos son los más interesados en relegar a una serie de personajes a favor de que los mandos los tomen otros, que vinieran a resolver situaciones laborales que todos padecen con aguerrido silencio.
Así que ya saben, los taurinos, taurinillos y taurinadores, son los mismos aquí que en Francia, la que no es la misma es la catadura de los aficionados. Esto y un ruego, cuando se hable de taurinos vamos a ver si somos capaces de matizar el término en beneficio de todos. Gracias.