lunes, 21 de enero de 2008

servesas y charutos: Rosa, que te quiero, rosa

servesas y charutos: Rosa, que te quiero, rosa

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se si llegó
mi comentario anterior.
Otro artículo muy bien
escrito, da gusto.

Su FIEL lector

Ida De Furstenberg dijo...

Admirada Madame de Estraza:
Que placer haberla decubierto. Creo que me he "enganchado" a su blog.
A veces demasiado taurino para mi. Me pierdo. Pero cuando escribe poesia, como hoy, es delicioso leerla.

Ida de Furstenberg

Anónimo dijo...

Su FIEL lector, gracias y siga viniendo a visitarme que será bien recibido.

Querida Ida de Furstenberg: el placer es mío al encontrarme con usted, de nuevo, ahora en mi recién estrenada garita. Le ruego que, como dice que encuentra el blog demasiado taurino, lea estos artículos tan especializados como si yo le estuviera contandouna batallita de la vida misma.

Torear no es otra cosa que un enfrentamiento entre dos fuerzas de la naturaleza, a vida o muerte, del que los aficionados en estado puro y las buenas personas exigimos que la parte más débil, por irracional, salga a la pelea íntegra y sin ningún tipo de manipulación en su organismo debido a la mano de la parte más fuerte: la inteligencia.

Todo es toreo, y ahí tiene su persona una fuente de conocimiento extraordinario para aplicar a la vida cotidiana como método para circular por los arenales de la existencia.

Mi deformación es tal, que yo veo un hombre y veo un toro. Quiero decir que en cuanto un semejante me hace tilín por lo que sea, observo su comportamiento, se lo aplico a la bestia y ahí tengo yo la respuesta exacta del semejante que me va a tocar lidiar, si acaso me tocara en el sorteo.

Torear es amar. Así, te puedes encontrar desde el animal encastado que mete los riñones y no rehuye jamás el combate aunque le cueste la muerte, franco, hasta el cobarde que huye en cuanto siente la mínima agresión, cobarde, y si puede te deja seca en el ruedo de traicionera cornada, vencida, con la blonda de la faja pantalón al aire para escarnio del público que lo presencia.

Mucho queda por rajar sobre el tema, amiga, si a usted le apetece de nuevo pasarse por aquí, tome mis escritos y los comentarios de los demás compañeros, como si estuviera leyendo una narración de cualquiera de los infinitos tipos que entre las relaciones personales se pueden establecer. Siéntese en un café y observe a los caballeros que entran solos
-los acompañados ya van toreando- y verá como comienza a entender a lo que me refiero.

Aquí estaré, hasta la próxima y muchas gracias, ¿hohenlohe?

La condesa de Estraza