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El Gallo, que vivía en Madrid, aprovechaba el coche de Juan Belmonte para ir o venir a Sevilla. Así, un día Juan le avisó para que estuviera preparado para la mañana siguiente que pasaría su chofer a buscarle, ya que regresaban a la capital. El chófer conduciendo, el de Triana a su lado y el gitano atrás atravesaban Despeñaperros a buena velocidad cuando vieron como un tren de pasajeros echaba humo negro intentando subir la pronunciada cuesta,chaca-chaca-chaca-chaca, prácticamente parado iba por entre las montañas, que dejaron para atrás de un oportuno acelerón al modernísimo automóvil.Cuando habían superado el puerto y ya cruzaban la llanura manchega, ven que viene embalado el tren a sus espaldas, muy deprisa, chacachá, chacachá, chacachá, piii, piii, y que les adelanta a toda mecha. Abre la ventanilla Rafael y dice mirando al tren:"ezos coonitos en Dezpeñaperros"
No existe un sentimiento en el hombre tan íntimo como el de la enfermedad, incluso las físicas exteriores. Por ello, ante el pudor terrible que me invade llegado el momento de contar la mía, me voy a apoyar como pauta de salvamento en un topito que salió el miércoles pasado en La Gaceta de Salamanca firmado por Carmen Esteban, que dice así:ABRAZO. Me dio el demonio un sobrino, porque Dios no me dio hijos... así que me dirijo solidaria a la familia de Adrián Gómez con un abrazo muy fuerte porque mi niño querido también fue a parar a una silla de ruedas. Terrible golpe familiar que debe ser aceptado con valentía, difícil, yo lo sé. Sé que nos hunde el verlos pasar de un día para otro de jugar en la 'urba' a ser un interno más del Hospital de Paraplégicos de Toledo. Pero se debe intentar no perder la alegría y seguir viviendo, aunque nada más sea para que el enfermo nos note fuertes y confíe en nuestra seguridad.Cuando Rodrigo se encontró en semejante trance (un tío sanísimo, un gran deportista, la alegría de nuestra casa) le faltaban nueve días para cumplir los dieciséis años. Yo había llegado de la feria de Salamanca con el palizón lógico de tanto curro, y de lo que no es curro, y nada más pisar Madrid recibí la llamada de un buen amigo, ex miembro de la Asociación el Toro de Madrid, diciéndome que quería hablar conmigo en nombre de Pepecarlos. Señor con el que yo mantenía una relación, larga e intensa, muy intensa, que comenzaba a entrar en combustión puesto que su segunda y actual esposa, se había enterado. Las palabras que me dijo aquel emisario aquella tarde de finales de septiembre las tengo yo grabadas en el hueso amarillo de la frente, tal y como se ve en los arcos de los puentes las inscripciones romanas. Son estas:"Le dices de mi parte que aunque estoy enamorado de ella opto por la solución más convencional, me quedo con mi esposa".Un palo como el que supone que el miembro más joven de tu familia se quede paralítico inesperadamente semana y media después, me cogió muy débil, no comía, y ya empezaba a gestarse con virulencia el terrible trastorno alimenticio que he sufrido.(Pobre Letizia Ortiz).La mente hecha puré, la cabeza ida, la tensión bajo mínimos, sí, excelentísimo señor don José Carlos Fernández-Villaverde y de Silva-Bazán, conde de Estradas, "mal fin tenga, jaaa", pues no encajaba la realidad que me tocaba encajar y me revolvía como un animal fiero embistiendo a todo aquello que se encontraba a mi paso. Y mi paso fue una depresión muy profunda que llegó a velocidades de vértigo, a mí, a la optimista eterna, a la vividora, sin que en aquellos momentos supiera nadie cúal podría ser ni cómo el fondo del pozo en el que me encontraba existiendo como si fuera un vegetal.El destino estuvo un poco más aún en mi contra pues me había comprometido con una colaboración venteña a realizar durante la feria de Otoño. Lo que me permitió presenciar en los toros a escasos treinta metros de mi esqueleto, como todas las tarde Pepecarlos se tronchaba de la risa en algunos momentos de la corrida y andaba por allí muy dicharachero acompañado por su mujer y sin respetar el dolor del vecindario la Noble pareja-había más de un herido- ya que lógicamente esta señora no le dejaba de solateras ni a sol ni a sombra.Hubo gente que flipó, la justa, pues la situación fue muy sabia y discretamente controlada por la gente de mi entorno, y es ahí precisamente y en el actual boca a boca donde comienza el desprecio personal y taurino hacia un pobre coleta que acabará sin saber dónde meterse. Hijo de puta tal, que al verme entonces por los pasillos de la plaza deambular como un fantasma sin reserva ninguna en mi organismo, preguntó a alguien de mi total confianza con su reconocida flema inglesa, "¿no explota demasiado lo de su sobrino?".(Fue en aquel tiempo cuando se gestó mi venganza y el afán de conseguirla es lo que me ha salvado del hoyo, vivo para ello, sin conocer por entonces la extraordinaria herramienta de los blogs. Aquellos pasillos de aquella planta infantil de niños inmóviles, recordando las escenas contempladas horas antes que volvían a mi retina del tórtolo y la tórtola en la grada venteña, han sido el motor de esta página).
Ante el desastre ganadero de las primeras ferias provincianas de verano, Alicante como referencia de afeitado, droga y rock and roll, me gustaría preguntarle a algún empollón de la braña si quedan o no quedan toros astinegros -astiverdes en Salamanca- en alguna de las dehesas de Iberia.
Hoy está siendo uno de los días más felices profesionalmente de la ya larga vida de la que firma, como colaboradora en los más variopintos medios de comunicación. La repercusión de un artículo de mi propiedad comienza a resultar apabullante, que es el último fin del periodismo, con la consiguiente propaganda gratuita para el diario salmantino que me tiene colocada. La inmensa dicha se la debo a ustedes, a los lectores tanto de aquí como de allí, a los que les doy las gracias por prestarle atención a las polémicas letras impresas de servidora.Tan contenta estoy que llevo desde que me he levantado escuchando cante, tirada en la patera del sofá mientras dejo fluir la perrez en este caluroso día madrileño. Nada de modernuras al aparato, aquí me encuentro revisando toda la obra que poseo en grabación casera y que conservo como oro en paño, realizada cuando El Cigala vivió en mi casa aquel tiempo inolvidable para ambos. Por tonás tengo joyas, que dadas las rudimentarias condiciones acústicas con que las realicé, suenan tan antiguas y con tanta esencia como cuando los discos eran de pizarra.Por bulerías no es que tenga joyas sueltas como ocurre por martinetes, es que tengo un tesoro de valor incalculable y me acabo de dedicar una letra para homenajearme a mí misma en soledad. Dice así Dieguito Farina atacando un popular por el más puro soniquete de Jerez con la voz rota, rozá como dicen los gitanos, pues los fríos del calabozo ayudaron a que por fin se le quebrara:"Ole,ole y Holanda,por donde voy mire usted si yo tengo salero,que me sacan en volandas lo mismo que a los toreros".Lugar de la grabación el salón de mi anterior domicilio, tarde de ensayo improvisado, café, copa y tabaco, mucho tabaco, y acompaña a Dieguito a la guitarra Agustín Carbonell, El Bola. Al saxo Jorge Pardo, a la caja Ruben Dantas, y a Bernardo Parrilla se le escucha al fondo enredar con las cuerdas de un violín.(La foto fue realizada por uno de los soldados de puerta de la sala de visitas del cuartel de Transmisiones de Madrid).