martes, 13 de mayo de 2008

El loberío (un pavo)


El pavo que aquí presentamos fue un pájaro pinto de nombre Palomito, que tuvo de palomito lo mismo que yo de cura. Sexto de la tarde de la gran novillada de Montealto lidiada ayer en Madrid, con mucho poderío y con mucho que torear, cosa buena. Ahora bien, si repasamos detenidamente la foto de Manon que tuvo la fortuna de retratarlo de perfil y así poderlo apreciar de lleno, nadie me negará que estamos delante de un toro con toda la barba.

Vamos, a uno así no lo ven las figuras del toreo por esas ferias ni en sueños. Largo el toro, lustroso de pelo, pareciera astiverde en la imagen pero no lo fue, rabo al suelo con jopo abundante, serio, lució cara de catedrático y dos brillantes y astifinas güampas en la frente, que es como se le llama en Argentina a la cornamenta. Un toro, y una subversión como otra cualquiera, toros para los que debutan y novillos para los rutilantes nombres que copan la cabecera del escalafón de matadores. Subversión que, además de injusta, trae consigo un fenómeno digno de tener en cuenta: la cantidad de jovenes con posibilidades que toman la alternativa sin la debida formación profesional en un precipitado intento de escapar de una situación denigrante -la de apechugar con ganado fuera de tipo y edad- para perderse en el intento sin conseguirlo.

El animal retratado, por mucho que lo aseguren los papeles de la guía, no es un novillo, que es un toro. Y con ese toro Miguel Tendero, desparpajo a tope, hizo un faenón en Las Ventas que no la firma cualquier coleta de fama y, como queda mucho mayo, los hechos venideros lo demostrarán en breve. Ahora sólo es preciso que los taurinos no hagan de las suyas como acostumbran. O sea que, entendiendo que estamos ante un filón, se carguen este proyecto de torero en cuatro días como si aquí sobraran material humano para dilapidar.

Respecto a ti, Miguel Tendero, asimila lo hecho, goza del momento, no permitas que te calienten los cascos y evita que te vuelvan loco, clarividencia te deseo, suerte, vista y al toro, y recibe un abrazo muy fuerte de nuestra parte.

(foto: lasventas.com)

3 comentarios:

Numeritos dijo...

Sra. Condesa, me tiene usted hecho un lío.

La "gran novillada" fue en general mansa a más no poder. Yo hubiera pensado que lo que movió a los novillos fue la casta. Pero, si como dice usted no hay casta si hay mansedumbre, ¿qué coño movió a los novillos ayer?

Jon dijo...

Bata, espero la crónica de hoy donde ese muchacho tan parecido al Grito de Munch no debiera de volver a pisar los madriles.

Por cierto, Condesa, le recomiendo que se pegue una vuelta, si no lo ha hecho ya, por el nuevo blog de Covi sobre la Feria ;)

Anónimo dijo...

Numeritos: Creo que es la segunda vez que pasa por aquí, se le espera una tercera.
Uf, parece que se vecina un sofisma como respuesta a su comentario, ya era hora, al rico debate.
Vamos a ver, "la gran novillada" fue una gran novillada en muchos aspecto, hasta en el de tamaño, y con muchas posibilidades para encumbrar a cualquiera que viniera dispuesto a pisarle los terrenos. Una novillada de esas que quitan de la circulación a los toreros, malos, como puede ser el caso. No mansa, para mi gusto, la novillada fue tarda en el caballo y con tendencia a irse suelta, pero se vino arriba, peleó y no volvió la cara ni un sólo momento cuando los toreros le plantearon pelea. Mansear, manseo, pero eso no es ser manso, y en el tercio final la novilla pidió el carnet a los muchachos.
Yo no he dicho que si 'no hay casta si hay mansedumbre'...
Lo que yo he dicho, y lo mantengo, es que un toro encastado no es un toro manso, no es que sea bravo, es que no es manso. Menudo juego de palabras, amigo, pero nos movemos en unos territorios lenguísticos tan ambiguos que al mínimo desvío se te puede ir la teoría al carajo.
Buen debate el que plantea, Numeritos, volveremos sobre el en cuanto acabe la fería, que prima sobre lo demás.

Mira Jon, dedícate a los libros que tienes los exámenes en puertas y deja de tocarme las narices. El Capea ¡ahora!, qué pereza, si el caso de este muchacho es digno de un estudio en profundidad por parte de un sociólogo especializado en espectáculos de masas.

La condesa de Estraza