
En memoria del legendario mosquetero, por la amistad que nos unió, me calzo ahora los tacones que se empeñó en regalarme una mañana cuando pasábamos por una tienda de la calle Goya camino del hotel Velazquez donde se le daba un homenaje a Tigrillo, y salgo a los caminos a bordo de unos maravillosos zapatos con la tristeza encima por la desaparición del anciano matador de toros tapatío, que permanecerá por siempre en mi recuerdo.
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