sábado, 12 de agosto de 2017

Adiós, Terele



Al enterarme esta mañana de la muerte de Terele Pávez, grande entre las grandes, una diosa como tienen que ser la diosas, me he acordado inmediatamente de mi inolvidable amigo Pepe Boloix, que fue quien me la presentó hace ya muchos años una noche en La Vaquería, yo acompañada por Enrique Morente y por Paco Cortés, que veníamos del cine, de los minicines Magallanes, parada anterior obligada en La Nueva, mi barrio, y ando revolviendo en mis memorias, cuando en Madrid las estrellas del espectáculo 
-del deporte o del toreo- salían y alternaban con los demás mortales sin miramientos, y no como ahora que viven blindadas en urbanizaciones matadoras sin mantener contacto ninguno con la realidad de la puta calle.
Descanse en paz Terele, nuestro pésame a su único hijo, Carolo, y adiós a una mujer irrepetible, la rebelde de las tablas con voz de trueno, la dramática de las tragedias griegas de cuando Eurípides con su toque cómico muy para paladares finos, y era bellísima.
 Los hombres la consideraban una fiera y la temían, yo, no.

 Hablando de Pepe Boloix, se aprovecha la ocasión para comunicarle
 a Ángela que tiene un recado, llegado hoy mismo, de parte de Soledad Cobos en una entrada antigua titulada Recordando a Pepe Boloix de este mismo blog.
Gracias por vuestras visitas, estimadas Ángela y Soledad.

4 comentarios:

Eugenio Vidal dijo...

DEP,grandísima actriz y seguro que grandísima persona.
Para mi se le reconoció tarde,como suele pasar a los que no se dejan manipular por los que llevan el cotarro. Saludos Sra Condesa.

Angela dijo...

Gracias, Condesa. Por la reseña, el recuerdo de Pepe y el aviso del comentario de Soledad. He respondido o eso creo, porque mi cobertura es bastante inestable. He querido enviarte el cuento de Pepe Boloix a la dirección de correo del blog pero creo que no está visible.
Un saludo,
angela

El Viajante dijo...

Traten Ustedes de imaginarlo : venía de la Plaza, con la visión aún caliente de la tarde. En el anochecer urgente de “ Informaciones “ o “ Pueblo “ o “ El Adelanto “ o “ Tribuna “ aporreaba con contumaz rabia esa máquina de escribir de la que nunca supo o quiso desprenderse. La vista levantada( primero sin y luego con la ayuda de cristales ) para otear y describir con belleza descarnada un mundo en el que se pensaba un extranjero, un extraño, sin tiempo y sin edad.

“ Espacio y tiempo juegan al ajedrez “ cantaba Antonio Vega mientras el abuelo Alfonso hacía literatura de una “ décima de segundo “ para disfrazar cruelmente su particular visión de la realidad en la soñada plástica partitura del toreo.

De la estirpe de los poetas sin poesía. Imponer, más que compartir, lo que sabía. Espectador apasionado, encerrado en su propia biografía. Pura soledad, soledad infinita.

Algunos compartimos con él vino y amistad e, incluso, traiciones dolorosas. Algunos entendimos que los toros los conoció como nadie. Algunos entendimos que los toros los describió como nadie. Algunos supimos que, en su inmenso egoismo , ese conocimiento lo regaló a todo el mundo y que cuando quiso hacer cuentas y caja de lo dado era más grande el debe que el haber.

Como Roy Batty el Replicante de “ Blade Runner “ con toda la razón pudo proclamar en su epitafio: “ He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser... Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir “.

Alfonso Navalón Grande : cronista, testigo de un mundo agonizante en perpetuo peligro de extinción, de un mundo trágico, escritor de un tiempo heroico que se pierde, que se desploma. Con la mirada tocando el final del día, con los ojos de quien no quería que se acabara nunca la vida que amaba.

La condesa de Estraza dijo...

Joder, Viajante, excepcional, y que todavía no le hayamos olvidado, precioso texto de alguien que da a entender que le conoció muy bien, ¿le importaría que lo subiera a post?
Tengo a Alfonso más fresco que de costumbre pues este fin de semana pasado he estado esbozando un capítulo de mis memorias venteñas dedicado a él, y a la última corrida que vimos juntos de las cientos que le acompañé, que fue una concurso de Santa Coloma/Saltillo en Madrid, en abril de 2005. ¡Qué jurado tan chiripitiflaúticos para una concurso con el zopenco de Pepecarlos haciendo de las suyas y cuyas actas están en mi poder!, tarde inolvidable en la delantera del palco 19 con Alfonso que preparaba unos coloquios para la feria de San Isidro de aquel año.
Bienvenido a este blog, se le saluda cordialmente.

La condesa de Estraza